Caminar entremedio de la naturaleza es empaparse de ella: adentrarse y formar parte, pasar desapercibido, igual que una piedra. La naturaleza nos impulsa a regresar a nuestros orígenes; es una voz que nos recuerda lo que somos y de dónde venimos. Y nos invita a disfrutar de sus paisajes, a sentarse bajo un pino o en la cumbre de una cordillera y no hacer nada; si acaso, sólo escuchar y reencontrarse.