Mi actividad en la creación musical abarca diversas facetas. Como intérprete, oyente y compositor, tengo interés en estudiar las posibilidades comunicativas de la música, entendida como manifestación sonora y como forma de conocer nuestra relación con el mundo.
Arnold Schönberg, compositor austríaco, inventor del dodecafonismo, es el autor de obras maestras que influyeron en la transformación del lenguaje musical del siglo XX. En momentos de crisis artística recurrió al piano, y con talento escribió partituras cruciales, de extrema dificultad técnica, que dieron al concepto de orden un nuevo sentido, asociado ahora a la noción de vida, a la idea de lo orgánico.
De la obra pianística de este músico excepcional, testimonio de una insólita exploración de nuevos territorios musicales, he obtenido una edición crítica elaborada a partir de manuscritos, ediciones originales y revisiones, y publicada por Universal Edition. Estas páginas evidencian la lucidez del compositor e incluyen la obra que escribió en Barcelona, en 1929. De este repertorio, que estudio con pasión, me cautiva la cohesión que emerge de las constelaciones de sonidos, formadas con un profundo sentido de la lógica. Y el entusiasmo que sentí al principio, cuando sólo lo escuchaba, se me vuelve arrebato, ahora, al interpretarlo.


Las efemérides recuerdan hechos relevantes, y hacen difusión de la vida y la obra de personajes notables. En 2006 se celebró el 250º aniversario del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart, compositor de más de seiscientas obras de acordes cristalinos que aún hoy conservan su frescor, y que destacan por la pureza instrumental y la transparencia armónica. El tono de su música es característico por una apariencia ligera y simple que, en realidad, oculta un profundo conocimiento del alma humana.
En el marco de esta conmemoración, los miembros de la Camerata Impromptu tuvimos en noviembre la ocasión de interpretar algunas obras del genio salzburgués en la Seu de Manresa. En el acontecimiento también participaron la Capella de Música Burés, la Coral l'Amistat y la orquesta de cámara I Dilettanti, bajo la magistral batuta de Daniel Antolí. La prensa elogió el concierto, en el que «se interpretó muy bien el carácter espiritual del compositor austríaco, que llegó a emocionar al público».


Con gran entusiasmo fue saludada la aparición de Pierre Boulez en L'Auditori, el 11 de marzo de 2007, frente al prodigioso Ensemble Intercontemporain. El maestro francés dirigió un interesante programa con su habitual claridad de ideas y con una agilidad extraordinaria. Riguroso, elegante, preciso, lúcido, exhaustivo. Su concepto de la dirección en la música contemporánea es toda una lección: sus interpretaciones aportan frescura al repertorio y lo renuevan con una nueva expresividad.
El concierto, que contaba con piezas de Edgard Varèse y György Ligeti, incluyó también dos composiciones del joven octogenario: Dérive 1 y sur Incises, obras de exquisitas sonoridades, dotadas de un extraordinario sentido de la fantasía. La espléndida interpretación, a cargo de una orquesta distinguida como el mejor conjunto de música contemporánea del mundo, hizo de la velada un acontecimiento memorable de la historia musical barcelonesa.


Antonio Reina ha inyectado una dosis de novedad en el terreno de la música contemporánea al apostar por el estreno de mi Sonata para piano (19982005), en julio de 2005, en el marco del XXVI Festival Internacional de Música de Ripoll. El artista, de trayectoria reconocida con numerosos premios, se enfrentó a esta partitura exigente y la iluminó con audacia en el Monasterio de Santa María.
En su interpretación, meticulosa con los detalles y atenta al conjunto general, Antonio ilustró la concepción que tiene de mi obra, en la que encuentra un repertorio diverso de gestos y discursos que reflejó partiendo de un respeto escrupuloso a la partitura. Concentrado en esculpir cada nota dentro de una composición ciertamente compleja, juzgó los garabatos de los pentagramas con acierto e imaginación. Y ofreció una lectura colorista, destacable por la fluidez con que el intérprete se maneja por los vivos contrastes entre los diversos episodios, desde los más íntimos y melódicos hasta los más ásperos y violentos.


El capricho del destino, o una predestinación, consiguió lo que parecía imposible: un proyecto con Andreas Vollenweider. Este músico suizo es el artífice de una música que emana tranquilidad, movimiento y virtuosismo, que cautiva incontables personas de todo el mundo, y que ha representado unas ventas superiores a los diez millones de discos. Interpreta varios instrumentos, entre los que destaca un arpa electroacústica que él mismo construyó. Como compositor ha demostrado un talento extraordinario al crear fascinantes acuarelas sonoras.
El proyecto es un desafío irresistible: la edición de un libro de partituras que recopilará un conjunto de composiciones de Andreas, ilustradas con imágenes que él mismo ha pintado. En este contexto de colaboración, ahora estoy trabajando en la transcripción de una docena de piezas: se trata de transformar los colores instrumentales que se grabaron en los discos, en arreglos para el blanco y negro del teclado del piano.

